| Dos recesiones en una |
| 02/12/08 |
Por Paul Krugman* / The New York Times
Las noticias económicas han sido medianamente horrendas esta semana. La morosidad de los créditos se empeora y una amplia gama de indicadores en el sector de servicios —que abarca la mayor parte de la economía— se han desbarrancado. Aún no es una certeza que estemos dirigiéndonos hacia una recesión, pero las probabilidades con cada vez mayores.
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Y si la experiencia del pasado es una guía, los problemas persistirán por un largo tiempo —digamos, hasta la mitad del 2010.
Los problemas que ahora enfrenta la economía de Estados Unidos se parecen mucho a los que causaron las últimas dos recesiones —pero esta vez es una combinación.
De un lado, lo rebosante burbuja inmobiliaria está jugando el rol que la burbuja de la Internet jugó en el 2001. De otra parte, la crisis de las hipotecas de alto riesgo está creando una situación tan volátil en el sector de los créditos, que recuerda a la crisis de los ahorros y préstamos a finales de los 1980's, lo cual condujo a la recesión de 1990.
Ahora, usted puede haber oído que esas recesiones fueron cortas. Y es cierto que las últimas dos recesiones, oficialmente, acabaron después de sólo ocho meses.
Pero las fechas oficiales sobre el fin de esas recesiones son un espejismo, al menos en la experiencia de la mayoría de la gente afectada. Hay una razón del porque el gobierno Bush, en sus (progresivamente tensos) esfuerzos para hablar bien de su actuación económica, siempre habla de los trabajos creados desde agosto del 2003. Sólo a partir de allí —dos y años y medio después que comenzó la recesión del 2001 [que curiosamente fue opacada por los sucesos del 11 de Septiembre. Nota del Traductor]— la economía de Estados Unidos comenzó a experimentar cualquier cosa que podía sentirse como una recuperación.
Y lo mismo ocurrió una década antes: La recesión que comenzó en 1990 acabó oficialmente en marzo de 1991, pero la recuperación de los desempleados —que hizo que los norteamericanos se sintieran desgraciados respecto a la economía— recién se levantó a través de las elección presidencial de 1992.
Desde que los actuales problemas de la economía de Estados Unidos se parecen a una combinación de los de 1990 y el 2001, la forma de este episodio de desasosiego económico probablemente será similar a esos episodios anteriores: Aun así, si la recesión oficial es corta, los malos tiempos durarán al menos hasta los dos primeros años del próximo gobierno.
¿Cuán severo será el desasosiego? La naturaleza subyacente del problema de la doble burbuja —una burbuja de la vivienda y una burbuja de crédito, combinadas— sugiere que puede ser peor que las de 1990 o 2001 —juntas.
Y algunos respetables economistas están publicando advertencias horrendas. Hay una gran bulla acerca de un nuevo estudio hecho por Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff que compara a los Estados Unidos de los últimos años a otros países avanzados que han experimentado crisis financieras. Ellos encuentran que el perfil de los Estados Unidos se parece a la “crisis de los cinco grandes”, una lista que incluye, por ejemplo, la crisis de Suecia en 1991, lo cual causó que la tasa de desempleo se remonte de 2 por ciento a 9 por ciento en un período de dos años.
Tal vez tendremos suerte, y eso no ocurrirá. ¿Pero qué puede hacerse para limitar el daño?
Desde septiembre, la Reserva Federal ha cortado severamente su tasa de interés cinco veces, y todo el mundo espera que haga cortes adicionales. Pero las tasas de interés también fueron cortadas drásticamente durante las dos últimos caídas severas, pero de cualquier manera las caídas repentinas siguieron por años.
Entretanto, el Congreso y el gobierno de Bush han alcanzado un acuerdo sobre un paquete de estímulo promocionado con exageración. Pero el paquete, mientras probablemente sea mejor que nada, tiene pocas probabilidades de hacer un impacto notable en el problema —en parte por la insistencia del gobierno y el Senado Republicano en bloquear precisamente las medidas, como la expansión del seguro de desempleo y los cupones de alimentos, que con más probabilidad sean más efectivas.
Aun así, en enero del otro año la Casa Blanca tendrá un nuevo ocupante. Si la baja económica aún continúa, lo cuál es muy probable, ésto ofrecerá una oportunidad para considerar otro paquete de medidas más efectivas.
En particular, ahora sería un buen tiempo para pensar acerca de la posibilidad de ir más allá de los cortes de impuestos y devoluciones de impuestos, y estimular la economía con inversiones públicas de gran necesidad —digamos, en reparar la desmoronada infraestructura del país (al estilo de F.D. Roosevelt bajo el New Deal. Nota del Traductor).
El usual estribillo en contra del gasto público como una forma de estímulo económico es que se toma mucho tiempo en afectar positivamente en la economía —que cuando el dinero comienza a fluir, la recesión ya terminó. Pero si ésto resulta ser una recesión prolongada, que parece probable, eso no será un problema.
Pero no obtendremos ninguna acción innovadora para ayudar a la economía, a menos que el próximo presidente(a) tenga un par de atributos cruciales.
Primero, que él o ella deben estar libres de la ceguera ideológica, que hace al actual gobierno y sus aliados oponerse ferozmente a la idea que el gobierno puede hacer cualquier cosa positiva, además de cortar los impuestos.
En segundo lugar, él o ella deben tener un conocimiento y estar interesados en la política económica. Los presidentes no tienen que ser sus propios jefes economistas, pero ellos deben conocer lo suficiente como para tomar el consejo correcto.
¿Tendremos esa clase de presidente? Permanezca en sintonía.
Original en Inglés: http://www.nytimes.com/2008/02/08/opinion/08krugman.html?_r=1&oref=slogin
Traducción: A. Mondragón/LTH |
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