Las deportaciones sumarias de Trump

Guadalupe García de Rayos, la madre mexicana deportada.

Redacción LTH / NYT
El gobierno de Donald Trump acaba de demostrar que las órdenes ejecutivas para deportar a los inmigrantes indocumentados, se están cumpliendo de forma sumaria y expedita. Sin ninguna oportunidad para los inmigrantes.
Este fue el caso de Guadalupe García de Rayos, una mexicana de 35 años y madre de dos adolescentes nacidos en EE.UU., quien fue arrestada el miércoles 8 de febrero por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Phoenix, Arizona. Un día después ella fue deportada a México, un país del que salió hace 21 años. Su familia sigue en Arizona.
Ella no era ninguna criminal, había acudido voluntariamente a una oficina de inmigración, no era un “bad hombre” —según la excusa dada por Trump para deportar a los indocumentados criminales—, no representaba ningún peligro para la seguridad nacional, ni debía ser una prioridad en el sistema de deportaciones. Sin embargo, ella fue deportada en tan solo 24 horas, no tuvo chance de nada.
Trump se ha atrincherado en el reclamo —absurdo— de que Estados Unidos será seguro y grandioso de nuevo, solo después de expulsar del país a los presuntos millones de “extranjeros criminales”.

Ella acudió voluntariamente
García de Rayos —y posiblemente cientos o miles más que ya fueron deportados o lo serán— no era amenaza alguna, por más que hubiera vivido en Estados Unidos de manera ilegal desde sus 14 años. Es más, las autoridades de inmigración estaban al tanto de su existencia desde que ella fue descubierta por inmigración tras una redada en Phoenix en el 2008. En los años posteriores, ella acudía regularmente ante los agentes de inmigración para reportarse y estos elegían no deportarla al tener cosas más importantes que hacer.
Trump —para alentar a su base anti-inmigrante, que en las elecciones emergió masivamente como nunca antes— hizo campaña con la promesa de eliminar esa discreción de los agentes y remplazarla con una aplicación draconiana de la ley, que no presta oídos y es ejecutada como si detrás hubiera un verdugo implacable.
Y es muy probable que lo que venga pueda ser peor en la medida que, desde hace unos días, el Departamento de Justicia ya está en manos del nuevo Fiscal General Jeff Sessions, un ex Senador y furioso anti-inmigrante.

Odio brutal a nuestra esencia
La gran tragedia de la ejecución sumaria de las deportaciones es que, irónicamente, criminaliza a los inmigrantes que obedecen la ley y han vivido en Estados Unidos durante años, así como a los centroamericanos que, en los últimos tres años, han llegado desesperados por conseguir un refugio. Esas deportaciones, entonces, sólo significarán más hogares desgarrados, trabajos perdidos, en medio de un odio tan brutal contra lo que es la esencia de esta nación: La Inmigración.
Trump, o sus ideólogos que le susurran al oído y guían sus mandatos sumarios, idearon órdenes ejecutivas que expandieron ampliamente el universo de los posibles blancos de deportación, al incluir a cualquiera culpable de cualquier delito, sin importar con qué antigüedad o si era menor, y a la gente que fue acusada de crímenes sin haber sido condenada. En otras palabras, bajo este concepto los 11 millones de indocumentados que viven en el país son candidatos a la deportación sumaria.

El miedo como un negocio
En este escenario tétrico, al incorporar a las agencias policiales estatales y locales a una red de captura migratoria, el gobierno de Trump amenaza con volver a la tétrica época de las redadas laborales, rastreos indiscriminados, perfil racial y arrestos masivos. Esto no solucionará nada excepto, quizá, será un gran negocio para los amigos del gobierno en la industria de las cárceles privadas.
Otra cosa. En este escenario, ante lo que le ha pasado a Guadalupe García de Rayos, ¿qué pensarán los inmigrantes indocumentados que quieren seguir el debido proceso de sus casos y acuden a una corte de inmigración? ¿Se arriesgarán a tener el mismo destino y ser deportados sumariamente? ¿O simplemente, sí tienen la oportunidad, pasarán a vivir en la clandestinidad?
Entonces, para incontables familias migrantes inocentes, la pregunta difícil es qué hacer ahora. El abogado de García de Rayos, al hablar con reporteros, dijo que los migrantes deben darse cuenta de que lo que le sucedió a ella fácilmente puede pasarle a los demás. Sugirió que sean más precavidos al lidiar con el ICE y consideren la posibilidad de buscar santuario en iglesias.

La justicia y la resistencia
¿Pero hay otra esperanza para los indocumentados?
Quizás en los tribunales, donde los jueces se han resistido contra políticas antimigratorias inconstitucionales (una corte de apelaciones la restitución del veto al ingreso de personas de países en su mayoría musulmanas). La esperanza, ciertamente, también está sobre el terreno: Arizona tiene un cuerpo de activistas y abogados migratorios con experiencia, con muchas cicatrices pero también ferozmente decididos, que ya han vivido estas batallas con el maltratador de migrantes del Condado de Maricopa, el exalguacil Joe Arpaio. El estado tiene periodistas que ya han dado cobertura a las mentiras y a los abusos de poder de demagogos antimigratorios.
Trump enfrenta otros obstáculos: ha causado preocupación entre la industria agrícola, que depende en buena medida de trabajadores que Trump llama criminales. Las cortes migratorias estaban abrumadas desde antes de que llegaran los casos impulsados por Trump. Y una constelación de ciudades, pueblos y estados santuario han prometido no cooperar con la mano dura del presidente. La resistencia será formidable.

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